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LBA Mateo 13:31
Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a
un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo, 32 y que de
todas las semillas es la más pequeña; pero cuando ha crecido, es la
mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de modo que LAS AVES DEL CIELO
vienen y ANIDAN EN SUS RAMAS. 34 Todo esto habló Jesús en parábolas a
las multitudes, y nada les hablaba sin parábola,
INTRODUCCIÓN
Jesús, traía una comisión y un
estilo para predicar y era a través de parábolas, como fue profetizado en la
Biblia
LBA Salmos 78:2
En parábolas abriré mi boca; hablaré proverbios de la antigüedad,
ya venía
destinado solamente a hablar con parábolas.
Algunas personas las llaman
parábolas o alegorías. Según el diccionario bíblico Certeza: “El vocablo
“parábola” proviene en última instancia del griego
paraboleµ,
que significa literalmente “poniendo cosas a la par”. Etimológicamente, por
lo tanto, está muy cerca de la “alegoría”, que por derivación significa
“diciendo cosas de modo diferente”. Tanto las parábolas como las alegorías
se han considerado generalmente como formas de enseñanza que presentan al
oyente ilustraciones interesantes, de las que pueden obtenerse lecciones
morales y religiosas; la “parábola” es un símil más bien largo o un cuento
descriptivo corto, generalmente destinada a inculcar una verdad única o a
responder una pregunta única. Muchas de las parábolas de Jesús no son
meramente ilustraciones de principios generales; más bien envuelven mensajes
que no pueden transmitirse de ningún otro modo. La parábola es la forma
adecuada de comunicación para transmitir al hombre el mensaje del reino, ya
que su función es provocar una sacudida a fin de que se vean las cosas de un
modo distinto. Es un modo de iluminar y persuadir, que tiene como fin
hacer que el oyente llegue a una decisión. Jesús, por así decirlo, se ubica
a la altura de sus oyentes, y se vale de imágenes que le son familiares, con
el objeto de hacerles ver cosas nuevas y no tan familiares.”
En este capítulo 13 de
Mateo, el Señor Jesús habló con una serie de parábolas, dichos ocultos de la
eternidad pasada, que enfocaban cosas de la tierra (para que las
entendiéramos los terrenales), y nos daban a conocer secretos espirituales,
sobre el reino de los cielos. Las parábolas traen revelaciones de cosas
espirituales que se van a entender por el Espíritu, a las personas que están
interesados en conocer la verdad.
El Reino de Dios se ha
acercado, y el propósito de estas parábolas, es darnos a conocer sobre el.
Tenemos un Rey todopoderoso, el Rey de Reyes, Grande en Misericordia y lento
para la ira, dueño del oro y la plata, etc. y eso nos da a entender que así
como es el Rey, así es el reino. Entonces, las verdades espirituales que se
mueven en nuestro mundo material están regidas a estos principios bíblicos
que se manejan en el reino de los cielos. Utilizando una parábola, que es
una comparación de las cosas, Jesús predicó que el reino de los cielos, es
parecido a un grano de mostaza. El grano de mostaza es la más pequeña
de todas las semillas, pero cuando ha crecido es la mayor de las
hortalizas y a veces crecen hasta ser árboles. El reino de los cielos, a la
sazón, es que con las cosas pequeñas se hacen cosas grandes. Esta es la
forma espiritual de trabajo en el cielo, que de lo pequeño, Dios hace cosas
grandes. Por lo tanto, tenemos que tener la actitud del reino de los cielos,
ser fiel en lo poco, para ser puestos en lo mucho.
De la semilla más pequeña,
Dios hace las cosas más grandes, y por ejemplo, si usted tiene un trabajo o
sueldo pequeño, espere un poco, y Dios le dará un trabajo grande con un
salario grande, pero tiene que ser fiel con lo poco.
DESARROLLO
Continuando con la labor
espiritual de hacer de las cosas más pequeñas, las más grandes, notemos que
dice este texto que el hombre sembró la semilla en el campo; hasta entonces
la semilla crecerá, porque necesita ser sembrada pero para sembrarla es
necesario que antes muera…y al morir, la semilla se hincha, se expande hasta
que explota, saca lo que tiene dentro y da fruto. La palabra semilla viene
del griego “esperma” que es semen. Nosotros, fuimos en el momento de la
concepción las semillas más pequeñas, que se convirtieron en los frutos más
hermosos de la creación: los seres humanos, hechos a imagen y semejanza de
Dios.
Lo que aprendemos de esta
regla espiritual es que para crecer hay que morir, y no nos referimos a
morir físicamente, (porque el cristiano no muere sino que duerme), sino que
a morir a nosotros mismos, a nuestros deseos carnales, envidias, celos,
pasiones, etc. y como Pablo, uno aprende a morir a uno mismo, cuando se
tiene la actitud de reconocer a todos nuestros hermanos como superiores a
nosotros mismos.
RV95 Filipenses
2:3 Nada hagáis por rivalidad o por vanidad; antes bien, con humildad,
estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.
Dios va a hacer cosas
grandes, tan grandes, que dirán de nosotros:
LBA Salmos
126:2 … Grandes cosas ha hecho el SEÑOR con ellos.
Pero antes hay que avanzar a
la madurez, porque crecer es madurar y morir a algunas cosas que todavía
tenemos:
1.
SOBERBIA
LBA Jueces
6:15 Y él respondió: Ah Señor, ¿cómo libraré a Israel? He aquí que mi
familia es la más pobre en Manasés, y yo el menor de la casa de mi
padre. 16 Pero el SEÑOR le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás
a Madián como a un solo hombre.
Dios levanta al más pequeño,
en todos los aspectos de su vida: familiar, laboral, ministerial, etc. para
que nadie se jacte delante de él y solamente su nombre sea glorificado.
Gedeón era el menor, el más pequeño de la familia más pobre del pueblo de
Israel, pero Dios lo levantó para desarrollar el propósito de liberar al
pueblo de Israel del enemigo que en ese tiempo los tenía subyugados. Sin
embargo, Gedeón tenía muchas ansias de ser el jefe, pero reconocía que no
disponía de los medios económicos para serlo. El tuvo que morir a la
soberbia de querer ser el jefe. Gedeón aprendió que el jefe, el líder debía
ser la misión, la tarea, la meta que había que realizar y que Dios había
encomendado. Y él con 300 hombres logró cumplir el propósito como equipo,
como un solo hombre. A veces, muchos hombres, que fueron hechos para cumplir
grandes propósitos, para crecer grandemente, porque hay en ellos soberbia,
Dios los mantiene aún pequeños, hasta que mueran a su soberbia, no se
vanaglorien y glorifiquen a Dios. A otro que también le ocurrió esto es a
Pablo, que había sido muy soberbio y hasta que el Señor lo abatió y lo
humilló, el murió a su soberbia y luego Dios lo engrandeció con uno de los
más grandes ministerios que han existido y nunca se vanaglorió.
David, el más pequeño de los
hijos de Isaí fue el que Dios levantó como Rey de Israel porque Dios no mira
lo que mira el hombre u ojo humano, sino que mira el corazón. Dios hace
grande a los hombres pequeños que están dispuestos a crecer. Cuando
empecemos en lo pequeño, Dios nos va a dar lo grande. De Belén Efrata, la
más pequeña de las aldeas, salió el hombre más grande que ha existido: el
Salvador del mundo. Gocemos lo pequeño que tengamos. Si estamos en pequeña
edad, o tenemos hijos pequeños disfrutemos de ello. Si tiene un cargo
pequeño, disfrútelo y hágalo lo más excelentemente bien que pueda. Y sepamos
que Dios hará grande lo pequeño.
2.
ENVIDIA Y COMPARACIÓN
LBA Génesis
47:12 Y proveyó José de alimentos a su padre, a sus hermanos y a toda
la casa de su padre, según el número de sus hijos.
13 No
había alimento en toda la tierra, de modo que el hambre era muy severa, y la
tierra de Egipto y la tierra de Canaán languidecían a causa del hambre. 14 Y
José recogió todo el dinero que había en la tierra de Egipto y en la tierra
de Canaán a cambio del grano que le compraban, y José trajo el dinero a la
casa de Faraón.
Cuando cometemos el error de
envidiar a otros por el talento o las promesas de Dios que tienen o de
compararnos con ellos y ver que son más pequeños que nosotros, aparte de
retrasar nuestras propias promesas, hacemos que Dios exalte al pequeño antes
que a nosotros que nos “creemos grandes”. El pequeño José, de los hijos de
Jacob, el despreciado, envidiado por sus hermanos, fue el que Dios levantó
como jefe sobre su familia, su pueblo en Egipto, la potencia que en ese
tiempo gobernaba el mundo. A pesar de todo lo que José sufrió, se mantuvo
fiel y nunca le atribuyó despropósitos a Dios sino que esperó en Dios porque
estaba dispuesto a crecer y el tiempo llegó en que Dios lo puso entre los
grandes. El nunca se comparó ni envidió a nadie sino que esperó su turno de
crecer. Y obtuvo buenos frutos: riquezas y renombre. José recogió todo el
dinero que había en la tierra de Egipto vendiendo semillas. La manera en que
el pequeño José llegó a ser grande fue vendiendo la semilla, la semilla de
su fe, confianza y espera en Dios, y con el ejemplo de su vida, todos los
que antes primero lo vieron pequeño, después lo vieron engrandecido. Con un
grano pequeño se logran cosas grandes. Y el pudo decir:
RV95 Job 8:7 Y
aunque tu principio haya sido pequeño, tu estado, al final, será
engrandecido.
Y la versión
del Oso dice:
SSE Job 8:7 De tal manera que tu principio habrá sido pequeño, en
comparación del grande crecimiento de tu postrimería.
Es mejor tener un principio
pequeño y luego tener gran crecimiento, que tener un gran comienzo y que el
postrer estado sea insignificante, sin embargo, para lograr tener un final
engrandecido, es menester morir a nosotros mismos. Porque el reino de los
cielos es como la semilla de mostaza, que crece y llega a ser la mayor.
3.
DESPRECIO Y DISCRIMINACIÓN
LBA Números
14:31 "Sin embargo, vuestros pequeños, de quienes dijisteis que
serían presa del enemigo a ellos los introduciré, y conocerán la tierra que
vosotros habéis despreciado.
El pueblo de Israel había
andado dando vueltas en el desierto, y algunos que se sintieron muy grandes
murieron en el y no entraron a la tierra prometida, en cambio, los pequeños,
los que nacieron en el desierto y los demás pensaron que no lo lograrían son
los que Dios introdujo en Canaán. Para entrar a Canaán muramos a nosotros
mismos en despreciar y discriminar a aquellos que vemos pequeños y que
pensamos que no lo lograrán, o que serán presa fácil del enemigo.
Mantengámonos pequeños delante de Dios para que él nos engrandezca. Ellos
eran pequeños, más no niños, porque Dios nos manda a ser niños en cuanto a
la malicia, pero maduros en el conocimiento de Dios. Querían, empero,
crecer; y lograr el propósito de Dios y los “grandes” que habían visto la
mano poderosa de Dios para liberarlos de Egipto y los milagros ocurridos en
la trayectoria a la tierra prometida no pudieron entrar a Canaán porque no
fueron pequeños delante de Dios. Por eso bien dice la Biblia que, el que se
humilla será exaltado y el que se exalta será humillado.
Dios esperó que murieran
todos los “grandes” para que entendiéramos que los que entrarán al reino de
los cielos son los pequeños, y porque hasta que la semilla cae a tierra es
que lleva fruto. Para dar fruto, la semilla tiene que morir, y morir no es
fácil ni agradable. Los conquistadores de Israel que entraron a la tierra
que fluye leche y miel, fueron entonces los pequeños, no los grandes. Y la
diferencia entre los grandes y los pequeños es la fe, porque los pequeños
creen más a las palabras y promesas del Señor. Tuvieron la fe para creer en
la regla espiritual que de lo pequeño Dios hace algo grande.
La fe que se tenga, aunque
sea como una semilla de mostaza debe accionarse, Jesús nos mostró la manera,
y las instrucciones para desarrollarla son las siguientes:
HABLARLE A LAS COSAS
LBA Lucas 17:6
Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza,
diríais a este sicómoro: "Desarráigate y plántate en el mar." Y os
obedecería.
El Señor Jesucristo
claramente dijo que tuviéramos fe, y no se refirió al tamaño sino al tipo
de fe. Se refirió al poder de una fe como un grano de mostaza, porque
esta pequeña fe podría crecer y llegar a ser una fe grande. Tenemos que
tener una fe de niños para vivir, para pedir y para recibir. Aprendamos a
vivir como en el reino de los cielos, porque este se nos ha acercado.
La instrucción de Jesús
respecto a la fe, fue: Hablarle a las cosas y confesarlas en público para
conseguirlas. No es mental, sino oral. Ora-l. Apliquemos el
secreto que ya conocemos de hablar y confesar las cosas. La fe que tengamos
quizás es muy pequeña, (como semilla de mostaza) pero va a hacer las cosas
grandes, que nosotros queramos o deseemos y confesemos. En un texto paralelo
(Mateo 17:20) dice que diríamos a una montaña que cambiara de lugar y lo
haría. Aunque parezcamos locos, la fe del grano de mostaza es atreverse a
hablarle a las cosas y entidades espirituales, dándole instrucciones, porque
así nos lo mandó y enseñó Jesús. Confesar y llamar a las cosas que no son
como si fuesen.
Háblele a la sangre, a los
huesos, etc. a cualquier malestar, dolencia o enfermedad del cuerpo, a
cualquier entidad espiritual que esté estorbando su vida o su familia y
échelos fuera. Comience a practicar su fe, por muy pequeña que sea, que a
medida que vaya viendo respuestas y frutos, crecerá hasta convertirse en una
gran fe. Comience hoy, con algo pequeño, recuerde que Dios, de la semilla
pequeña, hace las cosas G R A N D E S.
NO TENER DUDAS Y ACTUAR
COMO SI YA LO TUVIÉSEMOS
LBA Marcos
11:23 En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: "Quítate y
arrójate al mar", y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a
suceder, le será concedido. 24 Por eso os digo que todas las cosas por las
que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas.
Apliquemos la fe, poca o
mucha, que tenemos para la vida práctica, la fe es práctica y va de la mano
con el actuar, a esto se le llama fe con obras. Cuando Caleb y Josué fueron
enviados, junto con diez hombres más, a espiar la tierra prometida, a su
regreso los otros hombres dieron un mal informe al pueblo, causándoles
miedo, más Caleb y Josué, trataron de alentarlos a entrar a Canaán
LBLA Números
13:30 Entonces Caleb calmó al pueblo delante de Moisés, y dijo: Debemos
ciertamente subir y tomar posesión de ella, porque sin duda la
conquistaremos.
La fe que tenían estos dos
hombres, Caleb y Josué, no fue suficiente para todo el pueblo, pero si para
que solamente ellos entraran a la tierra prometida. Era una fe sin dudas.
Ellos aplicaron esta pequeña fe, y aunque tardaron varios años, alcanzaron
lo que creyeron. La fe del grano de mostaza es sin dudas.
Otro ejemplo, lo vemos en
David cuando llegó con sus hombres a Siclag y encontraron la ciudad quemada
y que sus mujeres, hijos e hijas habían sido llevados cautivos;
LBLA 1 Samuel
30:8 Y David consultó al SEÑOR, diciendo: ¿Perseguiré a esta banda? ¿Podré
alcanzarlos? Y El le respondió: Persíguelos, porque de cierto los alcanzarás
y sin duda rescatarás a todos.
David al escuchar las palabras del Señor, no tuvo dudas y actuó conforme a
la fe y a la palabra dicha del Señor. Cuando uno cree que las cosas que dice
van a suceder, les serán concedidas. La fe del grano de mostaza es actuar
como si ya lo tuviéramos. Actuemos como si ya tuviéramos las cosas que
pedimos.
CONCLUSIONES:
El reino de los cielos se
nos ha acercado, y ya debemos actuar conforme a las cosas que en el se
realizan. No importa lo pequeño, lo poco que tenemos, seamos o nos sintamos,
el fin será grande porque esa regla espiritual se manifiesta en el cielo,
que Dios de lo pequeño, tan pequeño como un grano de mostaza, va a hacerlo
crecer a lo grande, hasta convertirlo en un gran árbol, pero en el camino a
lograr esto hay que morir. El grano debe caer a tierra, para que muera y dé
frutos. Y a lo que debemos morir es a:
-
SOBERBIA
-
ENVIDIA Y COMPARACIÓN
-
DESPRECIO Y DISCRIMINACIÓN
La manera que Jesús nos
mostró para cambiar lo pequeño en grande es aplicando la fe, no importando
si es mucha o poca, que sea una fe como grano de mostaza, y las
instrucciones para desarrollarla son las siguientes:
¨
La fe del grano de
mostaza es atreverse a hablarle a las cosas y entidades espirituales
¨
La fe del grano de
mostaza es sin dudas.
¨
La fe del grano de
mostaza es actuar como si ya tuviéramos lo que pedimos.
RV95 Job 8:7 Y
aunque tu principio haya sido pequeño, tu estado, al final, será
engrandecido |