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Jeremías 4:31
Porque oí un grito como de mujer de parto, angustia como de primeriza;
era el grito de la hija de Sión que se ahogaba, y
extendía sus manos, diciendo: ¡Ay ahora de mí, porque desfallezco
ante los asesinos!
INTRODUCCIÓN
En este texto, se puede
percibir la angustia de esta mujer, de su grito como un ahogo que era por la
presión de los asesinos. Su angustia es como de una primeriza, es como de
alguien que nunca ha pasado por esta responsabilidad, este dolor, este temor
por su futuro. Y este ahogo no se refiere a la de ahogarse en el agua, sino
al ahogo que pueden causar las persecuciones y los asesinos de nuestras
vidas. Al enfrentar esta realidad, nos damos cuenta que el pueblo cristiano
va a ser atacado para que su vida termine, para ahogarnos, pero nosotros no
estamos diseñados para ahogarnos.
Génesis 1:1
En el principio creó Dios los cielos y la tierra
2 Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la
superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la
superficie de las aguas. En el original la palabra tiniebla
significa Miseria, persecución, desgracia, maldad, calamidad
Estas tinieblas habían dado una cobertura a todo el planeta, La palabra
movía significa revoloteaba, incubaba, tremolaba una bandera
de victoria pero el Espíritu de Dios estaba sobre la superficie de las
aguas, mostrándonos que por el Espíritu de Dios que tenemos adentro, las
aguas no nos van a ahogar porque vamos a estar sobre las aguas, no debajo de
ellas. Las aguas de las tinieblas no nos van a ahogar. Nada nos va a
ahogar.
Las cosas que quieren ahogar
al cristiano son las siguientes:
I.
PERSECUCIÓN
Cuando recordamos al pueblo de
Dios liberado por Moisés, cuyo nombre significa “Salvado por las Aguas” nos
damos cuenta que él siempre fue atacado con el propósito de ahogarlo, de
matarlo. Desde antes que él naciese, hubo un decreto para matar a todos los
niños. Pero el pudo sobrevivir, entonces podemos decir que Moisés fue
librado de morir ahogado.
R60 Hebreos 11:23
Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido
por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron
el decreto del rey. Cuando tenía tres meses de edad y continuaba
la persecución de muerte, los padres calafatearon una pequeña arca de junco
y lo pusieron en el río Nilo, que tipifica la corriente del mundo; y ni aún
esta corriente pudo ahogarlo, sino que sobrevivió. Y cuando continuamos
estudiando la vida de Moisés, vemos que se encontró en muchas situaciones en
que los asesinos trataron de ahogarlo.
Cuando Moisés salió de Egipto
(el mundo) con el pueblo y el faraón los perseguía para volverlos a
esclavizar o matarlos se encontraron atrapados de frente con el Mar Rojo que
los iba a ahogar si trataban de cruzarlo, pero el Señor lo abrió y pudieron
cruzar en seco y ahogó a los que los perseguían. Los asesinos que trataron
de ahogarlos terminaron ahogados. Nuevamente fue salvado de morir ahogado.
Hebreos
11:29
Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca;
e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados.
Cuando Moisés estaba en las
aguas de Meriba, el pueblo empezó a desfallecer, a murmurar y a querer
ahogar la fe de Moisés, por haber salido de Egipto, del mundo y quisieron
regresar a Egipto.
Hebreos 11:27
Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del
rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible Cuanta gente
quiere ahogar nuestra fe, y no es gente del mundo, sino gente del pueblo de
Dios, que cuando están en el desierto quieren ahogar la fe y hasta regresar
al mundo porque piensan que morirán en el desierto. Las aguas de Meriba
tampoco pudieron ahogarlo.
Puede haber persecución,
pueden haber ataques contra nuestra vida, podemos estar en angustias,
sentirnos atrapados, sentirnos ahogados por el desierto o las pruebas pero
Dios nos dice hoy: NO SE VAN A AHOGAR. Vamos a seguir adelante. El
enemigo y asesino de nuestras vidas quiso destruir la vida de Moisés,
ahogarlo con persecución, para impedir el propósito tan grande que
Dios tenía para su vida, pero Dios lo hizo prevalecer y así mismo hará con
nosotros porque tenemos propósitos en EL.
II.
VIOLENCIA
SRV Génesis 6:5
Y vió Jehová que la maldad (malicia) de los
hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del
corazón de ellos era de continuo solamente el mal.
11
La tierra estaba corrompida delante de Dios;
estaba llena de violencia. 13
Entonces Dios dijo a Noé: "He decidido el final de toda carne, porque la
tierra está llena de violencia por culpa de ellos. He aquí que los destruiré
junto con la tierra.
En los tiempos de Noé, como
ahora, la tierra estaba llena de violencia. Cuando se habla de violencia se
refiere a la fuerza física y a la perversión sexual. Y esa fue la razón por
la que Dios envió el diluvio en el tiempo de Noé, para destruir la
humanidad. Toda la humanidad fue ahogada por la violencia que
había; familias enteras, niños, ancianos, animales, todos se ahogaron, con
excepción de la familia de Noé y el haber construido el arca para salvar su
familia lo convirtió en héroe de la fe.
R60 Hebreos 11:7
Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios
acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su
casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de
la justicia que viene por la fe.
Nada nos va a ahogar, porque
Dios nos hace estar con nuestra familia, dentro del arca sobre la
superficie de las aguas.
RVA Génesis 7:18
Las aguas crecieron y se incrementaron tanto
sobre la tierra que el arca flotaba sobre la superficie de las aguas.
Así que no temamos a las corrientes de las aguas del mundo que quieran
ahogarnos, porque como dice la Biblia:
RVA Hechos 16:31
Ellos dijeron: --Cree en el Señor Jesús y serás
salvo, tú y tu casa.
Entonces confiemos en su
promesa, descansemos en que las palabras de Dios son vida y son verdad, no
nos ahogaremos ni nosotros ni nuestra familia.
Gen 7:7
Entonces entró Noé en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de
sus hijos, a causa de las aguas del diluvio.
Dios va a actuar con cada uno de nosotros y por familias.
Las aguas de la Violencia no
nos van a ahogar.
III.
MIEDO
RVA Mateo 14:28
Entonces le respondió Pedro y dijo: --Señor, si
eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. 29 Y él dijo: --Ven.
Pedro descendió de la barca y caminó sobre las aguas, y fue hacia Jesús.
30 Pero al ver el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse.
Entonces gritó diciendo: --¡Señor, sálvame! 31 De inmediato Jesús
extendió la mano, le sostuvo y le dijo: --¡OH hombre de poca fe! ¿Por qué
dudaste?
Nosotros no estamos para vivir
bajo el agua, sino para estar sobre ella, sobre todo aquello que nos agobia,
sobre los problemas, sobre las presiones, como Pedro, uno de los discípulos
de Jesús. El orden de los acontecimientos con Pedro no fue que no caminó,
se hundió y tuvo miedo, sino que caminó, tuvo miedo y se hundió.
El pudo caminar sobre las aguas, pero el miedo al viento fuerte y la
duda lo hicieron que se hundiera. El miedo nos quiere ahogar. Pedro
era un pescador, acostumbrado a estar en el agua pero vino la tormenta, el
viento fuerte y cuando eso pasa hay que ir a buscar a Jesús. Mientras Pedro
iba a Jesús él caminó sobre las aguas pero tuvo miedo y comenzó a hundirse.
Nos puede dar miedo ir a Jesucristo porque sabemos que tenemos que renunciar
a muchos deleites terrenales y carnales y además nos da miedo el fallarle a
Dios porque sabemos que somos débiles, Pedro gritó con angustia, como la
mujer del principio, porque se ahogaba pero Dios nos dice que caminemos
sobre las aguas hacia él, con nuestra mirada puesta sobre él, porque el nos
sostendrá, no nos dejará ni nos desamparará, no importa lo que diga la
gente, ni aún lo usted piense, porque él calmará toda angustia. Cuando
sintamos que todo se está acabando y nuestra barca hundiendo, no miremos los
vientos, no miremos las olas, sino que proclamemos a Cristo y su palabra y
digamos: “No me voy a ahogar”. La barca puede ser su casa, su familia, su
ministerio, pero es terrible tener todo y que Jesús no esté en allí, porque
cuando Jesús entra en el arca, toda tormenta se calma, así que no dejemos
que Jesús se salga de nuestra barca.
IV.
ESPÍRITUS
INMUNDOS
RVA Marcos 5:1
Fueron a la otra orilla del mar a la región de
los gadarenos. 2 Apenas salido él de la barca, de repente le salió al
encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo. 12 Y le
rogaron diciendo: --Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos. 13
Jesús les dio permiso. Y los espíritus inmundos salieron y entraron en los
cerdos, y el hato se lanzó al mar por un despeñadero, como dos mil cerdos, y
se ahogaron en el mar.
Esta es una historia de la
misericordia de Jesús sobre la vida de un endemoniado gadareno. Jesús lo
liberó de una legión de espíritus inmundos que lo atormentaban y permitió
que entraran en unos cerdos que fueron ahogados en el mar, en lugar de él.
Van a haber espíritus inmundos que pueden atormentarnos, vicios que puedan
hacernos gritar y herirnos, pero Dios no permitirá que seamos ahogados
por esos Espíritus Inmundos, sino que nos va a liberar de angustias,
tormentos, espíritus inmundos y demonios. No estamos hechos para ahogarnos
en esta tierra.
V.
DEUDA Y
ESCASEZ
RVA Mateo 18:28
Pero al salir, aquel siervo halló a uno de sus
consiervos que le debía cien denarios, y asiéndose de él, le ahogaba
diciendo: "Paga lo que debes." 29 Entonces su consiervo, cayendo, le rogaba
diciendo: "¡Ten paciencia conmigo, y yo te pagaré!”
Las deudas y la escasez quieren ahogarnos, y pueden hacer que
tomemos decisiones que pueden destruir a nuestra familia, porque cuando esto
nos acontece lo que pensamos es irnos a otro país, a otro lugar a trabajar y
separar la familia. Las deudas no nos van a ahogar. Tomemos como ejemplo a
Noemí, que estaba en Belén, la casa del pan, había hambre en ese
momento en el país, y en vez de buscar a Jehovah Jireh el Proveedor, se fue
con su esposo y sus dos hijos a otra ciudad. Esto en vez de ser un bien para
ella y su familia, la destruyó, por lo que regresó sola y amargada a la casa
del pan.
La forma de salir de los
momentos de escasez y de las deudas es sembrando en Dios, porque hay una ley
universal de la siembra y la cosecha; que el que siembra, cosecha, y de
usted depende si quiere cosechar mucho o poco. Dios es legal y fiel a su
palabra, y si él lo ha dicho, él lo hará. RVA
Eclesiastés 11:1
Echa tu pan sobre las aguas, porque después de
muchos días lo volverás a encontrar. 6 En la mañana siembra tu semilla, y
por la tarde no dejes reposar tu mano; porque tú no sabes cuál será mejor,
si esto o lo otro, o si ambas cosas son igualmente buenas.
Debemos entender que las cosas
espirituales no son iguales a las terrenales, y que a nuestros propios ojos
es difícil sembrar cuando no tenemos, o tenemos poco, pero Dios quiere ver
fe en nuestras obras; y además sembrar en Dios (en la obra y en los hermanos
necesitados) es un terreno fértil que dará buenos frutos.
RVA Proverbios
11:24
Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay
quienes retienen indebidamente, sólo para acabar en escasez. 25 El alma
generosa será prosperada, y el que sacia a otros también será saciado.
Demos en tiempo de escasez y deuda y Dios nos recompensará. No demos con la
esperanza de recibir algo a cambio, sino que hagamos de dar un hábito,
tomemos como ejemplo a nuestro Dios que no retiene en su mano toda cosa
buena para sus hijos y que aún lo más precioso y valioso que él tenía lo dio
por nosotros, a su hijo Jesucristo.
CONCLUSIÓN
Hay muchas cosas que van a
querer ahogarnos, pero sabemos que aunque lo intenten, vamos a caminar sobre
las aguas con nuestra vista fija en nuestro Señor Jesucristo, porque él nos
sostiene y nos dice que no temamos.
Las cosas que pueden ahogarnos
son:
1. PERSECUCIÓN
2. VIOLENCIA
3. MIEDO
4. ESPÍRITUS INMUNDOS
5. DEUDAS Y ESCASEZ
Dios nos hizo para estar sobre
las aguas, no debajo de ellas, de modo que no hay forma de que nos puedan
ahogar, no fuimos hechos para ser ahogados, sino para prevalecer sobre todo.
En la única agua que busquemos ahogarnos y hundirnos es en el agua de su
palabra, y no dejemos que las preocupaciones, engaños de las riquezas,
placeres de la vida ahoguen su palabra, sino que Dios la convierta en vino y
vivamos sumergidos en el gozo por la vida que solo nos da Dios. ¡Aleluya!
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